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"La Ciudad del Norte" [Capítulo 112] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 09/13/2026 18:17
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Edited by ❀persephone at 09/13/2026 18:18



🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo ciento doce que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: “El Camino de las Respuestas”

Teodora y sus compañeros descubren que el santuario guarda secretos relacionados con su pasado. Tras escuchar una misteriosa voz decirle “Has tardado mucho en regresar”, Teodora queda confundida, pues está segura de que nunca había estado allí. Una antigua imagen de una sanadora junto a un dragón despierta una extraña sensación de reconocimiento en ella, y al tocarla junto a Lucasta, recibe una visión de aquella mujer curando a guerreros heridos de la misma manera que ella lo hace. Aunque no descubre quién era la sanadora, Teodora comprende que existe una conexión entre ellas y decide no forzar las respuestas. Poco después, la esfera luminosa activa los seis pedestales y revela un nuevo pasadizo bajo el santuario, por el que el grupo comienza a descender entre raíces y cristales luminosos.

Al final del túnel encuentran una enorme biblioteca secreta con miles de libros, mapas y registros antiguos sobre el continente, antiguas guerras, civilizaciones desaparecidas y referencias a las siete luces. Allí encuentran a Darian, un guerrero gravemente herido por un extraño veneno de energía oscura. Teodora logra salvarlo no solo cerrando su herida, sino purificando la oscuridad que amenazaba con matarlo, ganándose su confianza. Aunque la biblioteca no ofrece respuestas definitivas sobre Teodora ni Lucasta, ella comprende que quizá su viaje no consiste en descubrirlo todo de una vez, sino en seguir avanzando, aprendiendo y ayudando a quienes encuentre. Darian decide acompañarlos hasta una ciudad del norte, mientras una misteriosa segunda luz aparece en el horizonte sin que Teodora la vea. Con un nuevo compañero y un nuevo destino, Teodora continúa su camino junto a Lucasta, entendiendo cada vez más que su verdadero propósito podría ser llevar sanación y esperanza allá donde alguien necesite de ella.


🌸 Capítulo 112: “La Ciudad del Norte”



El camino hacia el norte había resultado mucho más largo de lo que Teodora esperaba. Después de abandonar el antiguo santuario, el grupo había seguido a Darian por un sendero que serpenteaba entre montañas cubiertas de vegetación. Durante buena parte del viaje, nadie habló demasiado. El descubrimiento de la biblioteca todavía permanecía en sus pensamientos, especialmente aquellas imágenes de la antigua sanadora que parecía compartir algo más que una simple semejanza con Teodora.

Lucasta caminaba cerca de ella, iluminando suavemente el camino con su cuerpo dorado. De vez en cuando levantaba la cabeza y observaba el cielo, como si buscara algo entre las nubes. Teodora había notado aquel comportamiento desde que habían abandonado el santuario. El pequeño dragón parecía inquieto, aunque no había ninguna amenaza visible.

—¿También lo sientes? —preguntó Teodora mientras acariciaba suavemente su cabeza.

Lucasta la miró y dejó escapar un pequeño sonido. Después volvió a observar el horizonte.

Teodora siguió su mirada.

No vio nada.

Sin embargo, recordó la segunda luz que había aparecido brevemente en el horizonte mientras abandonaban la biblioteca. No había querido decirlo en voz alta porque todavía no sabía qué significaba. Después de todo lo que habían descubierto, una nueva luz misteriosa era probablemente lo último que necesitaban.

Darian caminaba varios metros por delante de ellos. Su herida estaba completamente cerrada gracias a la magia de Teodora, aunque todavía llevaba la armadura rota que había encontrado en el santuario. Había intentado agradecerle varias veces, pero Teodora siempre respondía de la misma manera.

—No tienes que agradecerme. Hice lo que debía hacer.

Darian había terminado por aceptar aquella respuesta, aunque parecía no comprender del todo cómo alguien podía hablar de una hazaña semejante como si fuera algo cotidiano.

Atenea caminaba junto a él, observando constantemente los alrededores. Desde que habían conocido a Darian, no había bajado completamente la guardia. No desconfiaba de él, pero había aprendido que las personas que encontraban durante sus viajes podían tener sus propios secretos.

—Dijiste que conocías esta ciudad —comentó Atenea.

—La conozco lo suficiente para saber que nunca sabes qué vas a encontrar allí —respondió Darian.

Manco Cápac sonrió.

—Eso no responde la pregunta.

—Porque no hay una respuesta sencilla.

Darian señaló las montañas que se alzaban delante de ellos. Entre dos enormes formaciones rocosas podía verse una columna de humo elevándose hacia el cielo.

—La ciudad está detrás de esas montañas. Se llama Valdoria.

Khubilai Kan observó el humo con atención.

—¿Una ciudad grande?

—Mucho más grande de lo que parece desde aquí. Es uno de los pocos lugares del norte donde comerciantes, viajeros, soldados y magos de distintos territorios pueden convivir sin que alguien intente matarlos inmediatamente.

Manco Cápac soltó una carcajada.

—Entonces definitivamente tenemos que conocerla.

Darian sonrió.

—Eso mismo pensé cuando llegué por primera vez.

A medida que avanzaban, el sendero comenzó a llenarse de señales de que se acercaban a un lugar habitado. Primero encontraron pequeñas granjas construidas entre las montañas. Después aparecieron carros cargados de mercancías y grupos de viajeros que se dirigían en la misma dirección.

Teodora observó todo con curiosidad. Habían pasado tanto tiempo recorriendo ruinas y lugares olvidados que aquella actividad le resultaba casi extraña. Había niños corriendo junto a los caminos, comerciantes discutiendo precios y campesinos transportando sacos de trigo. Era una escena sencilla, pero para Teodora tenía algo especial.

La vida continuaba.

El continente que habían visto en las ruinas no era solamente un lugar de antiguas guerras y misterios. También estaba lleno de personas que se levantaban cada mañana, trabajaban, reían, discutían y construían sus propias vidas sin conocer los secretos que existían bajo sus pies.

Teodora sonrió.

Quizá Darian tenía razón. Si quería comprender aquel continente, necesitaba conocer también a las personas que todavía lo habitaban.

Al llegar a la entrada de Valdoria, Teodora se quedó sorprendida.



Una enorme muralla rodeaba la ciudad. Torres de piedra se levantaban sobre ella y varias banderas ondeaban con el viento. Frente a las puertas había una larga fila de viajeros esperando para entrar.

Dos guardias revisaban los carros mientras otro grupo controlaba a los comerciantes.

—Parece que aquí tampoco dejan entrar a cualquiera —comentó Atenea.

—Después de algunos problemas con ladrones y mercenarios, comenzaron a controlar las entradas —explicó Darian.

—¿Y nosotros tendremos problemas? —preguntó Manco Cápac.

Darian miró sus armas y después observó a Atenea.

—Probablemente.

—Excelente.

Cuando llegaron a la entrada, uno de los guardias se acercó inmediatamente.

—Nombre y motivo de la visita.

Darian respondió sin dudar.

—Darian. Regreso a la ciudad después de una misión al sur.

El guardia miró su armadura rota.

—¿Y qué ocurrió?

Darian hizo una pausa.

—Una misión complicada.

El hombre observó al resto del grupo.

—¿Y ellos?

Teodora dio un paso adelante.

—Somos viajeros. Estamos buscando información.

El guardia levantó una ceja.

—¿Información sobre qué?

Teodora pensó en la biblioteca, en la mujer de la imagen y en la misteriosa voz que la había llamado como si ya la conociera.

—Sobre la historia de este continente.

El guardia la miró durante unos segundos y finalmente se apartó.

—Entonces Valdoria es probablemente el mejor lugar donde podrían haber venido.

Las enormes puertas comenzaron a abrirse.

Teodora atravesó la entrada junto a Lucasta y sintió una extraña emoción. Había algo diferente en aquella ciudad. No sabía explicar qué era, pero podía sentir una energía muy tenue recorriendo el aire.

Lucasta también la sintió.

El dragón se detuvo.

Teodora miró hacia abajo.

—¿Qué ocurre?

Lucasta levantó la cabeza.

Sus ojos estaban fijos en una de las torres más altas de la ciudad.

Teodora siguió su mirada.

En lo alto de la torre había una estructura circular de piedra. Parecía un antiguo observatorio, aunque no había nadie allí.

Durante un instante, una pequeña luz dorada apareció en su interior.

Teodora sintió un escalofrío.

Fue apenas un destello.

Después desapareció.

—¿Lo viste? —preguntó Atenea.

Teodora asintió lentamente.

—Sí.

Darian había observado también la torre. Su expresión había cambiado.

—Eso no estaba encendido cuando me fui.

Khubilai Kan se acercó.

—¿Qué es ese lugar?

Darian tardó unos segundos en responder.

—El Observatorio de los Antiguos.

El nombre llamó inmediatamente la atención de Teodora.

—¿Qué sabes de él?

—Muy poco. La mayoría de los habitantes creen que era utilizado por los antiguos astrónomos de Valdoria. Pero existen historias que dicen que desde allí podían observar cosas que estaban mucho más allá del cielo.

Manco Cápac cruzó los brazos.

—¿Y supongo que nadie sabe exactamente qué significa eso?

—Exactamente.

Teodora volvió a mirar la torre.

Algo dentro de ella le decía que no había sido una coincidencia.

La segunda luz.

La biblioteca.

La antigua sanadora.

Lucasta.

Y ahora aquel observatorio.

Demasiadas cosas estaban comenzando a conectarse.

Sin embargo, Teodora decidió no apresurarse.

—Primero debemos encontrar un lugar donde descansar —dijo.

Atenea sonrió.

—Eso suena razonable.

—Y después buscaremos información sobre el observatorio.

Darian negó con la cabeza.

—No esperaba que fueras a dejarlo pasar.

Teodora sonrió.

—Yo tampoco.

Caminaron por las calles de Valdoria durante el resto de la tarde. La ciudad era mucho más diversa de lo que Teodora había imaginado. Había mercados llenos de especias, herreros trabajando frente a enormes hornos, pequeños puestos de comida y comerciantes provenientes de regiones que Teodora nunca había visitado. También había magos, soldados y viajeros de toda clase.

Por primera vez en mucho tiempo, Teodora sintió que no estaban caminando hacia una ruina del pasado.

Estaban caminando hacia algo vivo.

Y eso le gustaba.

Darian finalmente los llevó hasta una pequeña posada cerca del centro de la ciudad. El lugar era sencillo, pero limpio y tranquilo. Después de dejar sus pertenencias, el grupo se reunió alrededor de una mesa.



Darian extendió un mapa de Valdoria.

—Si quieren encontrar información sobre el observatorio, hay tres lugares donde podemos comenzar. La biblioteca de la ciudad, el archivo del consejo y el mercado de antigüedades.

—¿Mercado de antigüedades? —preguntó Manco Cápac.

—Valdoria es conocida por eso. Muchos exploradores venden allí objetos encontrados en ruinas antiguas.

Teodora observó el mapa.

—Entonces empezaremos por la biblioteca.

Atenea asintió.

—Y mañana iremos al observatorio.

Khubilai Kan señaló una zona marcada en rojo.

—¿Qué hay aquí?

Darian miró el lugar.

Su expresión se volvió seria.

—El distrito antiguo.

—¿Qué tiene de especial?

—Es la parte más vieja de la ciudad. Algunos edificios fueron construidos sobre estructuras mucho más antiguas. Hay lugares allí donde incluso los habitantes de Valdoria tienen prohibido entrar.

Teodora sintió nuevamente aquella extraña sensación.

—¿Por qué?

Darian bajó la voz.

—Porque algunas personas aseguran que, cuando cae la noche, se escuchan voces debajo de las calles.

Nadie respondió.

Manco Cápac miró a Atenea.

—¿No te parece que esta ciudad se está volviendo cada vez más interesante?

Atenea suspiró.

—Me preocupa que para ti “interesante” siempre signifique “peligroso”.

—No siempre.

—Casi siempre.

Teodora sonrió al escucharlos discutir. Aquellas pequeñas conversaciones eran algo que había aprendido a valorar durante el viaje. No necesitaban estar enfrentándose a un enemigo para sentirse unidos.

Lucasta se acomodó junto a Teodora.



La joven acarició su cabeza y miró por la ventana.

La noche había comenzado a cubrir Valdoria.

En lo alto de la torre del observatorio, aquella pequeña luz volvió a aparecer.

Esta vez permaneció encendida durante varios segundos.

Teodora la observó desde la ventana.

Y entonces ocurrió algo que la hizo quedarse completamente inmóvil.

Lucasta comenzó a brillar.

No con su luz habitual.

Con una luz mucho más intensa.

Teodora sintió que algo dentro de su pecho respondía al mismo tiempo.

Durante un instante, creyó escuchar una voz.

No provenía de ninguna persona.

No provenía de la habitación.

Venía de algún lugar lejano.

—Una ha despertado.

Teodora abrió los ojos.

La voz desapareció.

Lucasta dejó de brillar.

Pero Teodora ya sabía que algo había cambiado.

Aquella ciudad no era simplemente el próximo lugar de su viaje.

Era otra pieza del misterio.

Y quizá, por primera vez, estaban comenzando a acercarse verdaderamente a la verdad.





¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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- Infinity Kingdom / 無盡城戰

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