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"La Cresta de los Recuerdos Dormidos" [Capítulo 85] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 02/08/2026 21:29
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🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo ochenta y cinco que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: Donde el Camino Aprende a Resistir

El grupo avanza al amanecer por un paisaje que deja atrás la aldea y se transforma en colinas marcadas por restos de antiguos campamentos, señales de un paso usado no para conquistar, sino para resistir. El ambiente se vuelve tenso y vigilante: Lucasta camina atento, Teodora carga el eco de decisiones recientes y Atenea y Khubilai reconocen el lugar como una frontera de voluntades. El sonido de cuernos confirma que no están solos; guardianes del paso los observan desde las alturas y, tras lanzar una lanza sin filo como advertencia, les exigen una razón para continuar.

Teodora da un paso al frente y explica que no buscan tomar ni huir, sino aprender a sostener el peso del mundo sin romperlo, palabras que Atenea refuerza al señalar la responsabilidad que ella carga. Los guardianes les permiten seguir, advirtiendo que el camino pronto se volverá recuerdo y cambiará a quienes lo recorran. Desde la cresta, el grupo contempla la vastedad del mundo y la persistente línea de oscuridad, que parece reaccionar ante sus elecciones. Con una determinación serena y compartida, deciden continuar no por rapidez, sino para llegar íntegros, mientras el camino, antiguo y paciente, vuelve a acompañarlos.


🌸 Capítulo 85: “La Cresta de los Recuerdos Dormidos”

El camino de la cresta no descendió de inmediato. Durante largo trecho se mantuvo suspendido entre cielo y tierra, como si el mundo dudara en permitirles avanzar más allá de aquel umbral invisible. A un lado, los valles se extendían en capas de verdes apagados y ríos lejanos; al otro, la pendiente caía abrupta hacia un mar de rocas y sombras donde el viento parecía no tener fondo.

Avanzaron sin prisa. No porque el cansancio los obligara, sino porque cada paso exigía atención. El sendero ya no era solo piedra: en algunos tramos la roca estaba pulida como por incontables manos, en otros se volvía rugosa y quebrada, marcada por grietas que recordaban cicatrices antiguas. Era un camino que había sido pensado, defendido y, finalmente, recordado.

Lucasta iba delante, no como explorador impaciente, sino como guardián silencioso. Sus pasos eran firmes, y aunque sus alas permanecían plegadas, su sombra se extendía amplia sobre la senda, como un presagio y una promesa a la vez. El dragón avanzaba atento, percibiendo corrientes invisibles que no pertenecían solo al viento, sino a capas más profundas del lugar.

Teodora caminaba tras él. El bastón marcaba un ritmo suave contra la piedra, casi ceremonial. Desde que habían cruzado el paso de los guardianes, sentía el mundo de otra forma: no más pesado, sino más consciente. Como si cada decisión que tomaba dejara una huella que no podía ser borrada por el tiempo. No le temía a ese peso, pero lo respetaba.

Atenea observaba en silencio. Sus ojos recorrían el paisaje con la paciencia de quien ha visto nacer y caer eras enteras. Sabía que aquel camino no era casual; los lugares así no sobrevivían solo por utilidad, sino porque el mundo los necesitaba incluso cuando nadie recordaba por qué.

Pronto dejaremos atrás lo visible —dijo finalmente—. Este sendero fue creado para unir dos cosas que no debían tocarse directamente.

¿Luz y oscuridad? —preguntó Khubilai, ajustando la correa de su armadura.

Atenea negó despacio.

Memoria y olvido.

Como si esas palabras despertaran algo dormido, el aire cambió. No se volvió más frío ni más cálido, pero adquirió una densidad extraña, como si cada respiración arrastrara ecos que no pertenecían al presente. El cielo comenzó a cubrirse de nubes altas, finas como velos, y la luz del sol se filtró en tonos pálidos, sin sombras definidas.

Fue entonces cuando el camino se dividió.

No en dos sendas claras, sino en variaciones sutiles: una parecía continuar recta, firme, bien definida; la otra descendía levemente, casi imperceptible, perdiéndose entre rocas cubiertas de líquenes blancos. Ambas estaban marcadas por las mismas señales antiguas, ambas parecían correctas.

Lucasta se detuvo.

Una presencia grave y profunda se deslizó por la mente del grupo, no como una voz, sino como una certeza compartida:

Aquí muchos erraron. No por elegir mal… sino por elegir con prisa.

Manco observó ambas opciones con el ceño fruncido.

La senda recta parece más segura.

También lo parecía hace siglos —respondió Atenea—. Y aun así, está llena de ausencias.

Teodora cerró los ojos. No buscó presencias ni heridas, sino resonancias. Dejó que el camino le hablara como antes lo hacía el Telar: no con palabras, sino con sensaciones. La senda recta le devolvió silencio. No hostil, pero vacío. La otra, en cambio, estaba cargada de algo más: fragmentos, emociones dispersas, recuerdos que no pedían ser sanados, sino reconocidos.

Abrió los ojos.

No es una prueba de fuerza —dijo—. Es una de escucha.

Sin mirar atrás, tomó la senda menos evidente.

El camino se estrechó casi de inmediato. Las rocas parecían inclinarse hacia ellos, y en algunos tramos era necesario avanzar de lado, con cuidado. A cada paso, el paisaje se volvía menos concreto: las piedras adoptaban formas familiares que no terminaban de definirse, y el viento traía murmullos que rozaban los nombres sin llegar a pronunciarlos.

Khubilai se tensó.

No me gusta este lugar.

La mente del grupo volvió a sentir la presencia de Lucasta, firme y antigua:

No fue creado para agradar. Fue creado para recordar.

Entonces lo vieron.

A la vera del sendero, entre dos grandes piedras, había una figura sentada. No parecía viva ni muerta, sino suspendida en un punto intermedio. Vestía ropas antiguas, gastadas por el tiempo, y sostenía una espada apoyada en el suelo. Su rostro era joven y viejo a la vez, marcado por una expresión de espera interminable.

Cuando alzó la mirada, sus ojos no se fijaron en el grupo, sino en Teodora.

¿Aún pesa? —preguntó con voz quebrada.

Teodora dio un paso adelante.

—respondió—. Pero ya no cae solo.

La figura asintió lentamente.

Entonces el camino sigue cumpliendo su función.

Atenea inclinó la cabeza, reconociendo algo sagrado en aquel encuentro.

¿Eres guardián?

Fui elección —dijo la figura—. Y luego, recuerdo. Aquí quedé cuando el mundo decidió olvidar lo que costaba resistir sin odio.

La espada se deshizo en polvo de luz, y con ella, la figura comenzó a desvanecerse, no con dolor, sino con alivio.

No teman a lo que viene —fue lo último que dijo—. La oscuridad no odia la luz. Teme a quienes la atraviesan sin negarla.

El camino se ensanchó de pronto, y el aire volvió a aclararse. Las nubes se abrieron lo justo para dejar pasar un rayo de sol que iluminó la senda por delante, ya firme, ya real.

El grupo permaneció en silencio durante largo rato.

No todos los enemigos empuñan armas —dijo finalmente Manco.

— Ni todas las victorias se celebran —añadió Atenea.

Teodora respiró hondo. Sentía el cansancio en los músculos, pero su espíritu estaba extrañamente ligero. Había comprendido algo esencial: no estaba destinada a borrar la oscuridad, sino a caminar a través de ella sin dejar que definiera el rumbo.

Lucasta se acercó a su lado. No hubo palabras, pero sí un pensamiento claro, compartido solo con quienes caminaban junto a él:

Esto es apenas el inicio. Las marcas que encontraremos serán más profundas… y quien las deja, aún camina.

Teodora apoyó el bastón con firmeza y avanzó.

El camino, fiel a su antigua tarea, volvió a aceptar sus pasos.

No para protegerlos del mundo.

Sino para asegurarse de que, al cruzarlo, el mundo recordara quiénes eran.






¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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- Infinity Kingdom / 無盡城戰

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