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"La Garganta del Viento Errante" [Capítulo 87] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 02/23/2026 00:07
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🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo ochenta y siete que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: Donde la Marca Respira

El grupo desciende a un valle silencioso y opresivo, donde la vida parece haberse retirado y el aire está cargado de una voluntad ajena. Allí descubren símbolos grabados en la tierra: marcas de dominio que no anuncian una batalla, sino una “siembra”. Teodora, más sensible tras su transformación interior, comprende que esas marcas no encadenan con violencia, sino con un orden impuesto que adormece la voluntad. Pronto aparecen personas comunes, marcadas por esa influencia, que obedecen sin comprender del todo y temen volver a elegir por sí mismas.

Guiada por la advertencia de Lucasta, Teodora decide no romper las marcas, sino hacerlas visibles para quienes las llevan, devolviéndoles la conciencia del dolor y del miedo que habían sido apagados. El valle responde con un pulso profundo, y la intervención despierta algo más: quien creó las marcas ha sentido la grieta. Mientras una sombra mayor se cierne sobre el lugar, el grupo entiende que este acto marca un punto de no retorno. Teodora acepta que su camino ya no consiste en huir de la oscuridad, sino en obligarla a enfrentarse a la luz, aun sabiendo que ese desafío tendrá un precio.


🌸 Capítulo 87: “La Garganta del Viento Errante”

El valle quedó atrás como un recuerdo que ninguno deseaba arrastrar demasiado tiempo. A medida que ascendían por un sendero estrecho y quebrado, el aire comenzó a moverse de nuevo, primero como una brisa tímida, luego como un aliento impaciente que empujaba capas de nubes bajas contra las laderas de piedra.

La Garganta del Viento Errante no figuraba en mapas antiguos ni en relatos heroicos. No porque fuera desconocida, sino porque nadie que la cruzara regresaba con palabras claras para describirla. El camino se partía en cornisas irregulares, suspendidas sobre un abismo donde el viento no caía: giraba, ascendía y volvía a embestir como si tuviera voluntad propia.

Lucasta fue el primero en detenerse.

Sus garras se afirmaron contra la roca, y una vibración profunda recorrió sus alas, aunque no llegó a desplegarlas. El viento aquí no era libre. Estaba roto.

No le gusta volar aquí —observó Khubilai Kan, ajustando el agarre de su arma mientras una ráfaga casi lo obligaba a arrodillarse.

Atenea clavó la lanza entre dos piedras para estabilizarse.

Este lugar prueba algo distinto —dijo—. No la voluntad… sino la coordinación.

Como si el terreno hubiera escuchado la palabra, una sección del sendero se desmoronó con un estruendo seco. No fue un colapso natural: las rocas se deslizaron en secuencia, obligando al grupo a saltar, rodar y reaccionar sin tiempo para pensar.

Manco Cápac fue el primero en lanzarse hacia adelante, extendiendo la mano para sujetar a Teodora justo cuando una corriente lateral intentó arrancarla del suelo. El bastón golpeó la roca, produciendo un sonido hueco, y por un instante pareció que el viento respondía, desviándose apenas.

¡Esto no es un camino! —gritó Manco entre ráfagas— ¡Es una trampa viva!

Y entonces apareció el verdadero obstáculo.

Desde el abismo emergieron formas translúcidas, no espectros ni criaturas completas, sino fragmentos de viento condensado, afilados como cuchillas curvas. Giraban en espirales erráticas, cortando el aire y la piedra con la misma facilidad.

¡A cubierto! —ordenó Atenea.

Lucasta rugió por primera vez desde que dejaron el valle. El sonido no fue de amenaza, sino de desafío. Abrió las alas a medias, usando su cuerpo como escudo, mientras las cuchillas de viento chocaban contra sus escamas, desviándose en estallidos de aire.

Teodora no tuvo tiempo de pensar en marcas ni en sombras internas. Aquí no había símbolos ocultos: solo supervivencia.

Corrió.

Cada paso era una decisión inmediata. Saltar, agacharse, rodar, confiar. Cuando una cuchilla rozó su hombro, sintió el frío de la herida antes del dolor, pero no se detuvo. Alzó el bastón y, por instinto más que por cálculo, golpeó el suelo.

El impacto no liberó luz sanadora.

Liberó ritmo.

El viento titubeó, como si hubiera perdido por un segundo el compás de su danza caótica. Atenea aprovechó ese instante, avanzando con precisión perfecta, derribando una de las formas con un golpe que no cortó, sino que dispersó.

¡Teodora! —gritó— ¡No intentes controlarlo, acompáñalo!

Ella lo entendió de inmediato.

No imponerse. Fluir.

Respiró hondo, ignorando el ardor del hombro, y comenzó a moverse al ritmo del viento: un paso cuando empujaba, una pausa cuando retrocedía. El bastón ya no golpeaba, marcaba tiempos. Cada movimiento ayudaba al grupo a avanzar, como si de pronto todos compartieran un mismo pulso.

Khubilai Kan rió entre dientes, esquivando una cuchilla por centímetros.

¡Por fin algo que se siente vivo!

Con un último esfuerzo coordinado, alcanzaron una plataforma natural protegida por un arco de piedra. Las formas de viento se disiparon al cruzar ese límite invisible, como si la garganta hubiera decidido que el desafío estaba completo.

El silencio que siguió no fue opresivo. Fue real.

Lucasta plegó las alas lentamente. El viento aquí soplaba libre, limpio, sin tensión.

Teodora se dejó caer de rodillas, respirando con dificultad, pero sonriendo por primera vez en mucho tiempo.

Esto… —dijo entre risas suaves— esto no intentaba quebrarnos.

Atenea asintió. —Intentaba ver si podíamos movernos como uno solo.

Desde la plataforma, el camino continuaba hacia un terreno abierto, verde y abrupto, donde ríos rápidos cortaban la tierra y montes lejanos prometían peligro, sí, pero también descubrimiento.

Lucasta levantó la cabeza, atento, pero sin advertencias solemnes esta vez.

En su mente, la voz resonó distinta:

Aquí no hay marcas.

Solo pasos que aún no existen.

Teodora se puso en pie, ajustó el agarre del bastón y miró al frente.

Por primera vez desde que comenzó este nuevo arco, no sentía el peso del enemigo invisible… sino la emoción clara, casi infantil, de la aventura.

Y el mundo, por fin, parecía dispuesto a moverse con ellos.





¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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- Infinity Kingdom / 無盡城戰

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