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"La Luz del Observatorio" [Capítulo 113] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 09/21/2026 00:35
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🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo ciento trece que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: “La Ciudad del Norte”

Tras abandonar el antiguo santuario, Teodora y su grupo siguen a Darian hasta Valdoria, una gran ciudad del norte. Mientras avanzan, Teodora continúa intrigada por la antigua sanadora de la biblioteca y por la misteriosa segunda luz que vio en el horizonte. Al llegar a la ciudad, descubren el Observatorio de los Antiguos, cuya luz dorada parece reaccionar ante la presencia de Teodora y Lucasta. Deciden investigar el observatorio, la biblioteca y el antiguo distrito de la ciudad, donde existen rumores sobre voces que se escuchan bajo las calles.

Durante la noche, la luz del observatorio vuelve a aparecer y provoca una reacción inesperada: Lucasta comienza a brillar intensamente, mientras Teodora siente que algo dentro de ella responde y escucha una misteriosa voz decir: «Una ha despertado». Aunque el fenómeno desaparece rápidamente, Teodora comprende que Valdoria no es una simple parada en su viaje, sino una nueva pieza del misterio que rodea a su pasado, a Lucasta y a la antigua sanadora.


🌸 Capítulo 113: “La Luz del Observatorio”

Teodora permaneció inmóvil frente a la ventana durante varios segundos.

La luz que había cubierto a Lucasta había desaparecido por completo. El pequeño dragón volvía a estar como siempre, con su suave resplandor dorado iluminando apenas la habitación. Sin embargo, Teodora no podía apartar la mirada de él.

«Una ha despertado».

Las palabras seguían resonando en su mente.

No sabía quién había hablado. Tampoco sabía qué significaba aquello. Pero había algo que la inquietaba más que la propia voz: había sentido que aquellas palabras estaban dirigidas a ella.

—¿Teodora?

La voz de Atenea la hizo volver en sí.

La guerrera estaba de pie junto a la mesa, observándola con preocupación. Manco Cápac y Khubilai Kan también habían dejado de hablar. Darian permanecía cerca del mapa, mirando alternativamente a Teodora y a la torre que podía verse a través de la ventana.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Atenea.

Teodora miró a Lucasta.

—Escuché una voz.

El silencio cayó sobre la habitación.

—¿Qué dijo? —preguntó Darian.

Teodora tardó unos segundos en responder.

—Dijo que una había despertado.

Darian palideció ligeramente.

Fue un cambio tan pequeño que quizá otro no lo habría notado, pero Atenea sí lo hizo.

—Tú sabes algo —dijo ella.

Darian negó lentamente con la cabeza.

—No.

—Eso no ha sonado como un "no".

Darian apartó la mirada.

—He escuchado historias.

Manco Cápac cruzó los brazos.

—En esta ciudad parece que todo el mundo tiene una historia que no quiere contar.

—Porque algunas historias es mejor no conocerlas —respondió Darian.

Teodora se acercó lentamente a la mesa.

—Quiero saber qué historias has escuchado.

Darian observó el mapa de Valdoria durante unos instantes antes de señalar la zona marcada en rojo.

—Sobre el distrito antiguo.

—¿Las voces? —preguntó Teodora.

—Las voces, el observatorio y algunas cosas más.

Khubilai Kan frunció el ceño.

—¿Qué cosas?

Darian respiró profundamente.

—Hace muchos años, antes de que Valdoria fuera la ciudad que conocen ahora, existía una orden de astrónomos. No eran simples observadores del cielo. Estudiaban las estrellas, pero también buscaban señales de algo que, según ellos, existía más allá del mundo.

Teodora sintió un escalofrío.

—¿Más allá del cielo?

Darian asintió.

—Eso dicen las historias. La orden desapareció hace siglos. Algunos creen que murieron durante una guerra. Otros dicen que abandonaron la ciudad. Y otros creen que descubrieron algo que nunca debieron encontrar.

Lucasta levantó la cabeza.

Sus ojos volvieron a fijarse en la torre.

—¿Y qué descubrieron? —preguntó Teodora.

—Nadie lo sabe.

—Entonces, ¿por qué crees que el observatorio está relacionado con lo que acaba de ocurrir?

Darian guardó silencio.

Aquella vez fue Atenea quien habló.

—Porque la luz apareció justo cuando Lucasta comenzó a brillar.

Darian asintió lentamente.

—Y porque, según las historias, el observatorio solo debía encenderse cuando algo despertara.

Teodora sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Algo?

—Eso es lo que dicen.

—¿Y qué significa "algo"?

—No lo sé.

La respuesta fue sincera. Por primera vez desde que lo conocían, Darian parecía realmente preocupado.

Teodora volvió a mirar por la ventana.

La torre permanecía en silencio. La luz había desaparecido otra vez, pero ahora sabía que no había sido una coincidencia.

La biblioteca.

La antigua sanadora.

La voz que la había llamado como si la conociera.

La segunda luz que habían visto al abandonar el santuario.

Y ahora el observatorio.

Todo parecía formar parte de una misma historia.

Pero todavía faltaba una pieza.

Quizá incluso más de una.

—Mañana iremos a la biblioteca —dijo finalmente.

Atenea asintió.

—Y después al observatorio.

Darian levantó la mirada.

—No será sencillo entrar.

—¿Por qué?

—Porque el observatorio está cerrado.

—Entonces encontraremos una manera.

Manco Cápac sonrió.

—Eso es lo que quería escuchar.

Darian soltó una pequeña risa.

—Empiezo a comprender por qué viajan juntos.

La conversación terminó poco después. Cada uno se retiró a descansar, aunque Teodora sabía que ninguno dormiría demasiado aquella noche.

Ella permaneció junto a la ventana.

Lucasta estaba acostada a sus pies.

—¿Tú sabes qué está pasando? —preguntó Teodora en voz baja.

El dragón levantó la cabeza.

Durante unos segundos, sus ojos dorados se encontraron con los de ella.

Lucasta no respondió.

Nunca lo hacía con palabras.

Pero esta vez Teodora sintió algo diferente.

Una imagen apareció en su mente.

Un cielo oscuro.

Miles de estrellas.

Una enorme torre de piedra.

Y siete luces suspendidas sobre ella.

Teodora dio un paso atrás.

La visión desapareció tan rápidamente como había llegado.

—¿Lucasta?

El pequeño dragón se levantó.

Su cuerpo volvió a emitir un tenue resplandor dorado.

Teodora se arrodilló frente a él.

—¿Siete?

Lucasta inclinó la cabeza.

Entonces, muy lentamente, levantó una de sus patas y señaló hacia la ventana.

Hacia el observatorio.

Teodora comprendió.

No era solamente la torre lo que debían investigar.

Era lo que había dentro de ella.

A la mañana siguiente, Valdoria despertó mucho antes que ellos.

Desde las calles llegaban los sonidos de comerciantes preparando sus puestos, herreros encendiendo sus hornos y viajeros abandonando las posadas para continuar sus caminos.

Teodora bajó al comedor acompañada de Lucasta.

Atenea ya estaba allí.

—Has dormido poco.

—Tú también.

—No podía dormir.

Teodora sonrió.

—Yo tampoco.

Manco Cápac apareció poco después, seguido de Khubilai Kan. Darian fue el último en llegar.

Había traído consigo varios documentos antiguos.

Los colocó sobre la mesa.

—He hablado con alguien que puede ayudarnos.

Atenea observó los documentos.

—¿Quién?

—Una archivista del consejo.

Teodora tomó uno de los pergaminos.

El símbolo que aparecía en la parte superior le resultaba familiar.

Era una estrella rodeada por siete puntos.

El mismo símbolo que había visto en la visión.

Su expresión cambió.

—¿Dónde encontraste esto?

—En los archivos antiguos de la ciudad.

Teodora pasó los dedos sobre el dibujo.

—¿Qué significa?

Darian negó con la cabeza.

—Eso es precisamente lo que vamos a descubrir.

Teodora levantó la mirada.

Por primera vez desde que habían llegado a Valdoria, sintió que estaban siguiendo una pista real.

No una leyenda.

No un rumor.

Una pista.

Pero mientras guardaba el pergamino, Lucasta se quedó mirando hacia la puerta de la posada.

Su cuerpo comenzó a emitir un resplandor apenas visible.

Teodora lo notó.

—¿Qué ocurre?

Lucasta no se movió.

Entonces, desde algún lugar de la ciudad, sonó una campana.

Una sola vez.

Todos los presentes quedaron en silencio.

Darian se acercó rápidamente a la ventana.

—Eso no debería haber sonado.

—¿Por qué? —preguntó Manco Cápac.

Darian miró hacia la torre.

La luz dorada había vuelto a aparecer.

Pero esta vez no estaba sola.

Una segunda luz se encendió en lo alto del observatorio.

Después una tercera.

Teodora sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Tres luces.

Lucasta comenzó a brillar.

Y una voz volvió a resonar en su mente.

Esta vez, mucho más clara.

—La primera ya ha despertado. Las demás están por llegar.

Teodora cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, ya no tenía dudas.

El misterio que habían encontrado en aquella antigua biblioteca no pertenecía solamente a su pasado.

Algo estaba despertando.

Y Valdoria acababa de convertirse en el lugar donde comenzaría a revelarse la verdad.





¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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