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"La Heredera y el Fin del Silencio" [Capítulo 100] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 06/14/2026 20:48
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🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo cien que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: “El Latido Bajo las Raíces”

Mientras exploraban la misteriosa isla, Teodora y sus compañeros descubrieron que el gigantesco árbol en el centro de la ciudad no era una simple planta, sino una entidad viva que parecía despertar después de siglos de silencio. Un poderoso latido recorrió toda la isla, mientras enormes raíces comenzaban a extenderse por las calles y miles de luces azules surgían entre los edificios. Al acercarse, Teodora comprendió que aquellas luces eran las almas de los antiguos habitantes, atrapadas desde hacía generaciones. Guiados por Lucasta, quien percibía miles de voces y una amenaza creciente, el grupo avanzó hacia el árbol mientras las raíces destruían la ciudad a su alrededor.

Al llegar a la escalinata del árbol, encontraron al último Guardián del Horizonte, un antiguo guerrero que había sobrevivido durante siglos gracias a un núcleo de energía azul. El guardián les reveló que aquella civilización había sacrificado todo para encerrar a una entidad conocida como la Primera Sombra, una existencia anterior incluso a la separación entre la luz y la oscuridad. Sin embargo, el sello estaba rompiéndose. Ante los ojos del grupo, una grieta gigantesca se abrió bajo el árbol y una oscuridad infinita comenzó a emerger. Cuando la presencia fijó su atención en Teodora, el báculo de la sanadora reaccionó por sí solo y una voz ancestral resonó en su mente, llamándola "la Heredera". En ese instante, Teodora comprendió que la verdadera aventura apenas comenzaba y que su destino estaba ligado al despertar de aquella antigua amenaza.


🌸 Capítulo 100: “La Heredera y el Fin del Silencio ”

El mundo dejó de respirar.

Durante un instante imposible, el tiempo pareció congelarse sobre la isla.

Ni el océano se movía.

Ni las raíces avanzaban.

Ni las nubes giraban.

Todo permaneció inmóvil mientras aquella voz antigua resonaba dentro de la mente de Teodora.

"Al fin encontré a la Heredera."

La sanadora sintió un escalofrío recorrer cada rincón de su cuerpo.

No era miedo.

No exactamente.

Era algo más profundo.

Algo que parecía provenir de recuerdos que jamás había vivido.

Imágenes desconocidas cruzaron fugazmente por su mente.

Ciudades hechas de luz.

Montañas flotando entre estrellas.

Seres gigantes caminando sobre océanos de energía.

Y una guerra.

Una guerra tan antigua que ni siquiera los dioses parecían recordarla.

Entonces la visión desapareció.

Y el mundo volvió a moverse.

BOOOOM.

La explosión de energía sacudió toda la isla.

La grieta bajo el árbol se abrió aún más.

Columnas de oscuridad surgieron hacia el cielo.

Las raíces comenzaron a retorcerse violentamente.

Edificios enteros colapsaron.

Las calles se partieron en enormes fracturas.

—¡TODOS ATRÁS! —gritó Atenea.

La guerrera levantó su escudo justo cuando una onda oscura recorrió la ciudad.

El impacto golpeó como un huracán.

Khubilai fue arrastrado varios metros.

Manco clavó su lanza en el suelo para no salir despedido.

Lucasta abrió sus alas y protegió a Teodora con su enorme cuerpo.

El dragón rugió.

Un rugido tan poderoso que hizo temblar las nubes.

La luz dorada de sus escamas estalló.

Durante unos segundos, el brillo del dragón enfrentó directamente a la oscuridad que emergía desde las profundidades.

Pero incluso Lucasta retrocedió.

Y eso preocupó a todos.

Porque Lucasta nunca retrocedía.

Nunca.

—Eso es imposible... —susurró Khubilai.

El último Guardián del Horizonte observaba la grieta con desesperación.

—No puede despertar...

—Pues parece que nadie se lo avisó —respondió Manco mientras desenvainaba su espada.

La oscuridad comenzó a tomar forma.

Primero fue una silueta.

Luego una sombra gigantesca.

Después aparecieron ojos.

Miles de ojos.

Abriéndose dentro de la negrura.

Observando.

Analizando.

Esperando.

Teodora sintió que aquellas miradas se clavaban directamente en su alma.

La voz regresó.

"La última portadora."

La joven apretó el báculo.

—¿Quién eres?

Por primera vez la entidad respondió.

No con palabras.

Con recuerdos.

La visión golpeó a Teodora como una tormenta.

Vio una civilización antigua.

Mucho más antigua que cualquier reino conocido.

Más antigua que los dioses.

Más antigua que las leyendas.

Vio a hombres y mujeres construyendo enormes torres de cristal.

Vio dragones surcando cielos imposibles.

Vio héroes que podían mover montañas.

Y vio algo más.

Una figura envuelta en luz.

Una mujer.

Una guardiana.

La primera Heredera.

La portadora original del poder que ahora residía en el báculo de Teodora.

La mujer combatía contra una inmensa sombra que intentaba devorar el mundo.

La batalla parecía capaz de destruir continentes.

Finalmente la guardiana logró sellar a la criatura.

Pero el precio fue terrible.

La civilización desapareció.

El mundo olvidó.

Y la historia se convirtió en polvo.

La visión terminó.

Teodora cayó de rodillas.

Respiraba con dificultad.

—¿Qué viste? —preguntó Atenea.

La sanadora levantó la mirada.

—Todo empezó aquí.

El Guardián del Horizonte abrió los ojos.

—Entonces es cierto...

—¿Qué cosa?

El gigante observó a Teodora.

—La profecía.

El viento regresó de golpe.

Las nubes giraron aún más rápido.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Las miles de luces azules que flotaban sobre la ciudad comenzaron a descender.

Miles.

Decenas de miles.

Todas juntas.

Como una lluvia de estrellas.

Las almas.

Los espíritus de la antigua ciudad.

Descendían sobre el árbol.

Descendían sobre el grupo.

Descendían sobre Teodora.

La sanadora observó maravillada cómo una pequeña esfera azul se detenía frente a ella.

Dentro de la luz apareció el rostro de una niña.

Sonreía.

Y extendía la mano.

Luego otra luz se acercó.

Y otra.

Y otra más.

Miles de almas comenzaron a rodearla.

Lucasta comprendió primero.

"Te están ayudando."

Entonces ocurrió el milagro.

Las luces se fundieron con el báculo.

Una.

Diez.

Cien.

Mil.

Miles de espíritus entregaron su energía.

La marca dorada grabada en el arma comenzó a expandirse.

Runas antiguas aparecieron sobre la madera.

El aire vibró.

La tierra tembló.

Y una enorme columna de luz atravesó el cielo.

La oscuridad rugió.

Por primera vez.

Parecía furiosa.

Porque comprendía lo que estaba ocurriendo.

Teodora también lo comprendió.

Aquellas almas no buscaban ser salvadas.

Ya habían tomado una decisión.

Estaban entregando su último regalo.

Su última esperanza.

Su última batalla.

El Guardián del Horizonte cayó de rodillas.

Lágrimas recorrieron su rostro.

—Después de tantos siglos...

La luz aumentó.

Y entonces las almas hablaron.

Miles de voces.

Miles de corazones.

Miles de vidas.

Una sola frase.

"No estás sola."

El grupo entero sintió el peso de aquellas palabras.

Manco sonrió.

Atenea levantó la espada.

Khubilai giró sus armas.

Lucasta desplegó sus alas.

Y Teodora se puso de pie.

Más firme que nunca.

Más fuerte que nunca.

Más decidida que nunca.

La oscuridad seguía creciendo.

La Primera Sombra seguía despertando.

Pero algo había cambiado.

Ya no parecía una batalla imposible.

Porque ahora no estaban luchando únicamente cinco héroes.

Luchaba una ciudad entera.

Luchaban siglos de sacrificio.

Luchaban los sueños de una civilización olvidada.

Luchaba la luz que jamás se había rendido.

La Primera Sombra abrió sus innumerables ojos.

La tormenta oscura envolvió el cielo.

Y una voz monstruosa sacudió la isla.

"Entonces vengan."

La energía explotó alrededor del árbol.

La batalla final comenzó.

Y mientras la luz y la oscuridad chocaban una vez más después de miles de años...

muy lejos de allí...

en algún lugar oculto del mundo...

una figura desconocida abrió lentamente los ojos.

Una figura envuelta en llamas plateadas.

Observó el horizonte.

Y sonrió.

—Así que al fin ha despertado...

A su alrededor comenzaron a aparecer símbolos idénticos a los del mapa.

Antiguos.

Olvidados.

Peligrosos.

Como si otras fuerzas estuvieran comenzando a moverse.

Como si la historia que había permanecido dormida durante milenios acabara de ponerse en marcha.

Y por primera vez desde que comenzó el viaje de Teodora...

el destino del mundo entero estaba verdaderamente en juego.




¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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