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"El Origen del Dolor" [Capítulo 94] La Última Sanadora - Infinity Kingdom

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Article Publish : 04/26/2026 23:47
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🌸 Muy buenas tardes, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de mi historia, "La Última Sanadora"!

Soy Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo noventa y cuatro que se enfoca en Teodora, sus aventuras y su evolución para convertirse en la más destacada curandera de los últimos tiempos. 

¡Acompáñenme en este emocionante capítulo!


🌸 Resumen del anterior capítulo: “Despedida de Recuerdos”

El grupo avanzó hacia un nuevo espacio que, lejos de ser caótico, se formaba con una inquietante calma, como si el mundo se tejiera bajo sus pies. A lo lejos, figuras humanas vagaban sin propósito entre la neblina, generando una sensación perturbadora por la ausencia total de conflicto. Teodora percibió rápidamente que aquel lugar no era una prisión, sino algo distinto: un escenario preparado. Con la guía de Lucasta, quien advirtió que esas personas no eran libres sino guiadas, Teodora logró identificar pequeñas marcas oscuras conectadas a ellas. A diferencia de las anteriores, estas no retenían recuerdos, sino que los creaban, revelando que el grupo no estaba observando las consecuencias de la oscuridad, sino su origen.

La tensión aumentó cuando una presencia invisible y antigua se manifestó, deteniendo el entorno por completo. Sin forma definida, pero claramente consciente, esta entidad reaccionó al desafío de Teodora con un pulso preciso que activó las marcas en las figuras humanas, provocando emociones como miedo, tristeza y pérdida sin causa aparente. El grupo comprendió entonces la verdadera amenaza: no era una fuerza que respondía al dolor, sino una que lo generaba activamente. Frente a esta inteligencia controlada y paciente, quedó claro que no se trataba de un enemigo roto, sino de algo mucho más peligroso… algo que estaba esperando.


🌸 Capítulo 94: “El Origen del Dolor”

El eco del pulso aún parecía suspendido en el aire cuando todo comenzó a estabilizarse. No hubo una ruptura violenta ni un final abrupto, sino una disolución lenta, como si aquel espacio dudara antes de dejarlos ir. La neblina se deshizo poco a poco, perdiendo su intención, y las figuras humanas dejaron de temblar. Sus rostros, antes atrapados en emociones que no les pertenecían, recuperaron una calma frágil, imperfecta, pero real. Por primera vez desde que habían llegado, el silencio no resultaba opresivo.

Teodora permanecía inmóvil, sintiendo cómo su respiración volvía a un ritmo más natural. Aun así, había algo distinto en ella. No era agotamiento físico, sino una expansión interna, como si hubiera tocado algo que ahora no podía ignorar. Sus ojos recorrieron el espacio que se desvanecía, no buscando peligro inmediato, sino intentando comprender lo que acababa de ocurrir. Sabía, con una certeza incómoda, que aquello no había terminado.

Atenea avanzó unos pasos, observando con atención cada rincón, asegurándose de que no quedaran rastros activos de las marcas. Su postura seguía firme, pero su mirada había cambiado; ya no analizaba un campo de batalla, sino un patrón más grande.

-Esto no fue una victoria definitiva -dijo con calma-. Solo interrumpimos algo en progreso.

Khubilai giró ligeramente su arma entre las manos, dejando escapar una leve exhalación.

-Y ese “algo” no parece el tipo de problema que se rinde fácil -respondió, con una media sonrisa que no ocultaba su tensión.

Manco se acercó a Teodora, observándola con atención antes de hablar.

-¿Estás bien? -preguntó con voz firme, pero contenida.

Teodora tardó un instante en responder. Finalmente asintió, aunque su expresión seguía distante.

-No lo destruimos -murmuró-. Solo rompimos su conexión… por ahora.

Lucasta descendió con suavidad detrás de ellos, su luz estable, ya no reaccionando de forma intensa al entorno. Aun así, su presencia transmitía alerta. La voz del dragón resonó en sus mentes, clara y serena, “ahora sabe que puedes verlo.”

El silencio que siguió a esas palabras fue distinto. No había tensión inmediata, pero sí una comprensión compartida. Aquello que habían enfrentado no solo existía… ahora también era consciente de ellos.

El espacio terminó de deshacerse sin resistencia, y la sensación de cambio fue inmediata. El grupo sintió cómo el suelo volvía a ser firme bajo sus pies. Cuando todo se estabilizó, ya no estaban en aquel plano difuso. Un bosque los rodeaba, iluminado por la luz del sol que se filtraba entre las hojas. El viento volvió a moverse con naturalidad, y el sonido de la vida regresó poco a poco, como si nada hubiera ocurrido.

Khubilai observó el entorno y soltó una pequeña risa.

-Siempre es raro volver a algo tan… normal después de eso.

Atenea no apartó la vista del horizonte.

-Normal no significa seguro -respondió con firmeza-. Ahora sabemos que puede estar ocurriendo en cualquier lugar.

Manco cruzó los brazos, pensativo.

-Entonces no podemos esperar a que vuelva a aparecer. Tenemos que encontrar el origen.

Teodora dio unos pasos hacia adelante, deteniéndose brevemente. Sus ojos recorrieron el bosque, pero no buscaban movimiento, sino señales invisibles. Lo que había aprendido en aquel lugar cambiaba la forma en que veía todo.

-No está aquí… -dijo en voz baja-. Pero está cerca. No en distancia… en influencia.

Atenea giró hacia ella.

-¿Puedes seguir ese rastro?

Teodora asintió lentamente.

-No como antes… pero sí. Es débil, pero constante. Como si dejara huellas que no todos pueden ver.

Lucasta alzó ligeramente la cabeza, su luz vibrando con suavidad, “entonces no debemos apresurarnos. Observa… y el camino se revelará.”

Khubilai apoyó el arma sobre su hombro, con una sonrisa más definida esta vez.

-Bueno, al menos ya no estamos caminando a ciegas.

Manco miró a Teodora con determinación.

-Entonces tú marcas el rumbo. Nosotros te seguimos.

Teodora respiró hondo, dejando que la calma del bosque contrastara con todo lo que había vivido. Ya no se trataba de reaccionar ante la oscuridad, sino de comprenderla. De encontrar su raíz.

Y por primera vez… eso le dio claridad.

Sin decir más, comenzó a avanzar.

El grupo la siguió sin dudar.

No corrían hacia una batalla inmediata, ni hacia un peligro visible. Caminaban hacia algo más profundo, algo que apenas comenzaban a entender. El enemigo ya no era una sombra caótica… era una voluntad paciente.

Y ahora…

sabían que los estaba esperando.






¡Hasta aquí llegamos con éste capítulo de esta Historia de Aventuras!

Espero que les haya entretenido y esperen con ansias el próximo capítulo la semana que viene.


Muchas gracias por su tiempo y apoyo,

Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo.

🌸Persephone



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- Infinity Kingdom / 無盡城戰

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