Las Aventuras del Conquistador
🌸 Muy buenas tardes a todos, ¡bienvenidos a un nuevo capítulo de esta fascinante historia!
Les habla Persephone, y hoy tengo el placer de presentarles el capítulo cuarenta y uno de Las Aventuras del Conquistador. En esta entrega, nos centraremos en Alejandro Magno y en su evolución hacia una figura legendaria.
¡Prepárense para sumergirse en su épico viaje!
Resumen del capítulo anterior: “La Batalla Final: La Muralla Inquebrantable y el Espadachín Espectral parte II”
La Última Sanadora
La batalla alcanzó su punto más feroz mientras Bjorn y Tutankamón, dominados por la oscuridad, resistían con una fuerza sobrehumana. Alejandro, Khubilai Kan, Zenobia y Atenea luchaban con todo su poder, pero los enemigos parecían inquebrantables. Loki intentó confundirlos con ilusiones sin éxito, mientras Teodora buscaba con su magia sagrada una grieta en la corrupción que los dominaba. Bjorn desató una onda de choque con su escudo, lanzando a sus oponentes contra una roca, mientras Tutankamón atacaba con cortes rápidos potenciados por su espada maldita. En un momento crítico, Heimdall se interpuso para salvar a Manco Cápac, recibiendo una herida mortal en el proceso. Con su último esfuerzo, inmovilizó a Tutankamón, permitiendo que Manco, Zenobia y Atenea lanzaran un ataque combinado que purificó su alma y lo liberó de la oscuridad.
En el desenlace final, Deméter lanzó una ráfaga de fuego que debilitó el escudo de Bjorn, dándoles la oportunidad a Alejandro y Khubilai Kan de ejecutar un golpe letal. Con la armadura del guerrero oscuro resquebrajada, Alejandro hundió su espada en la grieta mientras Khubilai Kan perforó su pecho con su lanza. Bjorn cayó con un estruendo, la oscuridad abandonándolo en su último aliento. La victoria era suya, pero el precio fue alto: Heimdall yacía sin vida, su sacrificio grabado en los corazones de sus compañeros. Con pesar, pero con determinación renovada, el grupo recogió sus armas y avanzó, jurando que su lucha contra la oscuridad continuaría en honor a su camarada caído.
Capítulo 41: “La Batalla Final: El Umbral de la Condesa (parte I)”
El grupo avanzaba con determinación, sus corazones aún pesados por la pérdida de Heimdall, pero su misión los impulsaba hacia adelante. La oscuridad se hacía más densa con cada paso, como si una presencia maligna tratara de sofocar su voluntad. El aire se volvió gélido, impregnado de una energía opresiva. De pronto, Deméter rugió con furia, su cuerpo envuelto en llamas púrpuras, pero sus alas y patas quedaron inmovilizadas por cadenas sombrías que se retorcían como serpientes vivas.
—Alguien está aquí —susurró Loki, sus ojos resplandeciendo con astucia—. Y no será una entrada sencilla.
Atenea asintió, su escudo irradiando un fulgor dorado. Sabían que estaban cerca del corazón de la oscuridad. Entonces, una risa helada cortó el silencio, un sonido venenoso que hizo que sus músculos se tensaran.
—¿Creían que sería tan fácil llegar hasta Himiko? —La voz, impregnada de burla y desprecio, era inconfundible.
Isabela Bathory emergió de las sombras, envuelta en un manto carmesí que parecía destilar sangre. Sus ojos brillaban como brasas encendidas, y en su sonrisa había una promesa de sufrimiento. A su alrededor, la oscuridad cobró forma, transformándose en figuras humanoides que se retorcían en agonía silenciosa, sombras vivientes con movimientos espasmódicos y erráticos. Isabela levantó una mano y dejó caer una gota de sangre de su palma abierta. La gota se expandió en el aire, alargándose hasta transformarse en una espada de bordes oscuros y filo imposible.
—No permitiré que interfieran. —Su voz era un cuchillo de hielo.
Alejandro no dudó. Su espada resplandeció con un fulgor azul y cargó contra la condesa. A su lado, Manco Cápac y Khubilai Kan se movieron en perfecta sincronía, flanqueándola. Zenobia, con los sentidos afilados, se mantuvo alerta para proteger a sus aliados. Loki conjuró ilusiones, figuras espectrales que rodearon a Isabela, pero la condesa rió con desdén y, con un solo movimiento de su espada, desgarró las imágenes como si fueran meros reflejos en el agua.
—¿Eso es todo lo que pueden ofrecerme? —susurró con diversión.
Entonces, la batalla estalló en una tormenta de acero y energía. Isabela se movía como una sombra hecha carne, su espada trazando líneas de muerte en el aire. Atenea interceptó su primer ataque con su escudo, pero la fuerza del impacto la obligó a retroceder con un crujido de su armadura. Khubilai aprovechó la oportunidad y lanzó un tajo dirigido a su costado, pero la condesa giró con una velocidad inhumana y bloqueó la ofensiva con una gracia espeluznante. Su contraataque fue feroz, obligando a Khubilai a dar un salto hacia atrás para evitar que su cabeza rodara por el suelo.
Manco Cápac levantó su espada para contraatacar pero Isabella murmuró una invocación en un idioma ancestral.
Las raíces espectrales emergieron del suelo, tratando de atrapar a Manco Cápac, pero Teodora atenta a la situación creó un escudo protegiendo completamente a Manco y las raíces no pudieron llegar a él.
—Admiro su tenacidad —dijo con una sonrisa gélida—, pero no es suficiente.
El león guardián de Alejandro rugió y se lanzó hacia ella con una velocidad vertiginosa. Sus garras brillaban con energía celestial, pero Isabela giró justo a tiempo y colocó su espada en su trayectoria. Las fauces de la bestia se cerraron sobre el filo negro, y por un instante, ambos quedaron trabados en una lucha de poder puro. Isabela empujó con un gruñido y logró apartar a la criatura, aunque no sin esfuerzo.
Alejandro aprovechó la distracción y atacó con toda su fuerza, su espada descendiendo como un relámpago. Pero Isabela ya estaba un paso adelante. Con un elegante movimiento, esquivó y, en un parpadeo, su mano libre se aferró a la muñeca de Alejandro. Una garra de sombras se extendió desde sus dedos y se enroscó alrededor de su brazo.
Un dolor abrasador recorrió su cuerpo. Era como si la misma esencia de la oscuridad estuviera devorándolo desde dentro.
—¡No lo permitiré! —gritó Teodora, alzando sus manos.
Una explosión de luz purificadora emergió de sus palmas y envolvió tanto a Alejandro como a Isabela. Alejandro sintió el dolor desaparecer, mientras que Isabela retrocedió con un siseo de irritación. Partes de la sombra que la rodeaban se disiparon momentáneamente, dejando al descubierto su piel pálida y un fulgor de ira pura en sus ojos.
—Me están divirtiendo más de lo que esperaba —admitió, aunque su voz se había vuelto más fría—. Pero no podrán detenerme. Y yo… No dejaré que interfieran por más tiempo.
Sin previo aviso, la oscuridad a su alrededor se expandió como un huracán, lanzando ráfagas de energía maligna que obligaron al grupo a retroceder. Sus sombras se alargaron y retorcieron como si intentaran engullirlos. La presión en el aire era sofocante.
El grupo se preparó para el próximo asalto, cada uno con la mirada fija en la condesa. Sabían que la batalla apenas comenzaba. Y frente a ellos, Isabela Bathory alzaba su espada nuevamente, con una sonrisa oscura y cruel. La verdadera lucha estaba por comenzar.
¡Hasta aquí llegamos con este capítulo!
Espero que les haya gustado.
Información Importante
Desde ahora los grupos estarán peleando unidos para la batalla final contra Himiko hasta que la Gran Batalla finalice. Así que el orden semanal será siempre primero el capítulo de La Última Sanadora, y cómo siguiente Las Aventuras del Conquistador.
Una vez terminada, cada grupo partirá con su siguiente aventura.
Muchas gracias,
Los estaré viendo cada semana con un capítulo nuevo de mi historia.
🌸Persephone
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